7 de enero de 2009

La magia de los Reyes...




está en el Corte Inglés, of course, ¿dónde si no? Y es que estos son los supremos templos dispensadores de regalos, en donde todo, absolutamente todo puede encontrarse con un leve movimiento de la moderna y prodigiosa varita mágica llamada tarjeta de crédito.¿Que a la dama se le antoja un abriguito de visón? ¡Zas! O el peque se encapricha de un quad? ¡Flash! ¿Cabe mayor sortilegio? Todo deseo se hará realidad , siempre, claro está, que tu billetera esté bien poblada, que si no el encanto se evapora en cuanto unos gorilas te desalojan del lugar con profesional rapidez y discreción. Pues sorry, hay numerus clausus para la magia y sin $$$ no hay paraíso…
No sé, todo esto me transmite una idea un tanto esquizofrénica de los Reyes Magos: por una parte, un hermoso marco donde niños y grandes se dejan atrapar por ese toque mágico, como si Peter Pan nos transportara a un mundo fantástico, idílico, donde todo son dádivas, sonrisas y agradables sorpresas en medio de un acogedor ambiente familiar. Pero por otro, Melchor Gaspar y Baltasar, se despojan de las capas y se enfundan trajes y corbata, se afeitan sus barbas , se rapan sus largos cabellos y se engominan su pelo . Y el oro , incienso y mirra se convierten en la Wii, la fragancia Anaïs de Cacharel y la TV de plasma, por obra y gracia de las mágicas Visa y Mastercard. Y, vaya, con esto a mí por lo menos el hechizo se me aguachina bastante. Menos mal que los pequeños tardarán años en enterarse de la prosaica realidad. Y hay que procurar que así sea, que los nenes babeen embelesados, creyendo que la vida es como un cuento Disney ,que la magia se mantenga a toda costa, que los peques ignoren que los presentes no se prodigan de forma indiscriminada, sino que , como todo en la vida, responden a un pedigrí con reglas bien precisas: unos se llevan la última versión de “La Play” mientras que otros, si tienen suerte, se llevarán los viejos juguetes descartados por aquéllos. Así es la vida,¡ pero que nuestros infantes no se enteren!
Uff, doy gracias a Dios por no creer en Él, ya que de lo contrario mi indignación por la absoluta adulteración de lo que es una celebración cristiana se cuadruplicaría. No hay que ser muy avispado para comprobar la completa fagocitosis de la Navidad por parte de la sociedad de consumo y me resulta extraño que los cristianos no se revuelvan ruidosamente ante tan colosal apropiación. Quizás peque de ingenuo al imaginarme una celebración cristiana envuelta en la austeridad y solemne silencio ante el nacimiento de un niño Hijo de Dios que años después llegaría a afirmar gravemente y sin ambages que antes pasaría un camello por el ojo de una aguja que un rico en el Reino de Dios; a cuántas gargantas se les atragantaría el hueso del pavo si se les recordaran estas incómodas palabras en medio del banquete…Pero, ¡no!, ¡Shhh! No conviene transmitir este tipo de mensajes, que lo que hay que conseguir es armonizar la magia transmitida por la iconografía cristiana con la fría lógica monetarista impuesta por esta sociedad capitalista. Y poco a poco, de una manera gradual pero implacable, a base de periódicas avalanchas de juguetes, los niños irán convirtiéndose en mini consumidores adictos, en realidad en buenos ciudadanos, ya que así entrarán de lleno en la lógica capitalista de producir y consumir sin descanso. Vemos, pues el importante empujón que suponen los Reyes para ir formando hábitos mecánicos de consumo sin fin. Buen trabajo, Dioses del marketing por crear usos y costumbres en los ciudadanos de los que no se despojarán en toda su vida. Al fin y al cabo, en esto consiste la verdadera magia, la magia del capitalismo que nos sume en la eterna noria de la insatisfacción perpetua.
Santo, Santo, Santo es el Señor Corte Inglés,
Dios del universo capitalista.
Llenos están todas sus secciones de ávidos clientes
Hosanna en la Tierra (pobre tierra)

3 comentarios:

DDAA dijo...

¿Celebración "cristiana"?
Las navidades han vuelto a ser lo que eran antes del cristianismo

Y un aspecto concreto, ya no se da sólo en esta época, me temo:

Los hijos también invertían los papeles con sus padres y pasaban a ser los jefes de la casa. Además, cada familia tenía que elegir un Rey de la Saturnalia, o Señor del Desgobierno, que podía ser un niño. Ese “rey de mentira” presidía las fiestas, y se le tenía que hacer caso, por muy extravagantes y absurdas que fuesen sus órdenes.

Lo que entronca directamente con el decálogo del juez Calatayud que te envié hace poco.

erfoud dijo...

Bueno, al menos en teoría las Navidades sí son cristianas:se sustentan en los relatos, fantasiosos o no, de unos señores llamados mateo, Marcos, Lucas y Juan. En lo que ha llegado a convertirse, poz vale, un poutpurri de cosas, precristiano, postcristiano etc

irichc dijo...

Te enlacé. Un saludo.