22 de octubre de 2008

Diógenes, de mudanza


Un Diógenes hedonista, ¿se lo montaría con la turista?
Admítelo, Diógenes: ¿a que eso de vivir en un tonel resulta un tanto incómodo? Ya, entiendo que deseabas exponer la inanidad de tus congéneres por su insaciable apetito de bienes materiales, pero creo que te has pasado al hacer de una barrica (que a saber para qué había sido utilizada antes de reciclarla en chalet...) tu residencia habitual. Y es que una cosa es el cinismo-denuncia, y otra la autoflagelación placericida. Y claro, luego no te extrañe que seas recordado, no como el gran filósofo burlón que fuiste, sino como...¡un guarro! Pues sí, apena comprobar que cada vez que se te nombra, lo sea para designar a quien acumula mierda en su casa de forma compulsivo-patológica, lo cual comprenderás no aporta mucho lustre a tu figura...De modo que te he trasladado a un jardín, fragante, florido y frondoso, de estilo epicúreo, en donde puedan aunarse la crítica despiadada a una sociedad desquiciada con el apacible goce de la vida. No veo por qué ambas posturas hayan de ser antitéticas. Dejemos a otros, fanáticos de todo pelaje, el dudoso privilegio de adoptar posturas masoquistas de renuncia extrema, mientras nosotros trataremos de redimir el noble ejercicio del cinismo del que tan ayuno se muestra la sociedad actual. ¡Bienvenidos al jardín!

Imagen robada de esta web

15 comentarios:

Bárbara dijo...

Bien harto de la sociedad debía de estar Diógenes para decidir vivir en un curioso habitáculo de madera. Al menos yo yevo su propio camino pues cada vez me das más pereza adentrarme en las oscuras calles repletas de oscuras almas que tanto contaminan la mía. Si algún día aparentemente caigo en la locura y desaparezco, me encontraréis en un lugar exento de humanos y de sus inventos, un lugar virgen que simplemente "es" o "existe" y que no habla, sólo escucha.

Bárbara dijo...

LLevo con "elle"

Sujal dijo...

Seguramente Diógenes disfrutaba más burlándose de los demás que compartiendo la vida hogada de sus coetáneos.
Seguramente no despreciaba también el refugio de su tonel, por mostrar algo con lo que materializar sus burla más grotesca.

erfoud dijo...

No, si no pretendo que el sabio de Sinope abandone su legendaria acidez. Tan sólo defiendo que se puede ser cínico y a la vez disfrutar de un cierto nivel de comodidad. Aquí, como en una receta: unas cucharadas de cinismo, una pizca de plácido Epicureismo...y sale rico, rico!
Gracias una vez más Sujal!

DDAA dijo...

Michel Onfray es un ardiente defensor del epicureísmo y del cinismo, así que una y otra escuela filosófica no deben de ser tan antitéticas como podría parecer a primera vista.

Sujal dijo...

Ah, sin duda podemos dar una respuesta cínica ocasional o comportarnos en un momento dado de una manera esperpéntica, pero creo que Diógenes llegó a ser la burla en persona y no una persona que se burla. Jeje...

DDAA dijo...

Volviendo a Onfray, el autor francés insiste bastante (véase Las Sabidurías de la Antigüedad) en que lo que aparentemente son anécdotas chuscas sintetizan admirablemente la filosofía de Diógenes. Vamos, como las parábolas de JC, pero sin absurdos ni oscuridades.

erfoud dijo...

Evidentemente: sí decidió residir en un tonel no fue por puro masoquismo, sino para expresar gráficamente (de forma excesiva, a mi parecer) su desdén por los bienes materiales que sus conciudadanos tanto ambicionaban. Fijáos que se dice que cuando vio cómo bebía un perro se dio cuenta de que el cuenco que utilizaba le era completamente supérfluo, y se deshizo de él (!!)
Bueno, uno puede ser admirador de Diógenes, pero hasta ahí no llegó ni loco. Por eso he preferido mezclarlo con otro de mis héroes y fabricarme un "Epicúgenes". ¡Y ése sí que mola! ¿No os suena a lo que le sucedió a Siddharta cuando, tras un largo período de extrema renuncia, decidió optar por una vía intermedia? (austeridad pero sin pasarse) Pues eso...

Bárbara dijo...

Muy de acuerdo estoy con el comentario sobre Siddharta, mucho. Tampoco hay que rozar esquemas maniqueos...un punto medio puede ser la clave de todo.

DDAA dijo...

Aún y todo, el budismo es bastante pesimista, con su "Todo es sufrimiento" (si bien "sufrimiento" es una traducción demasiado simplista del término dukkha. Sea como fuere, creo que Diógenes estaría más cómodo en compañía de los taoístas.

JESÚS ZAMORA BONILLA dijo...

Sea como sea, sigue cayéndome mucho mejor Epicuro que Diógenes, que al fin y al cabo, era un vulgar ostentador.

Anónimo dijo...

A mí parecer nada más gracioso que un montón de "bloggers" desacreditando las verdaderas anti-virtudes del cinismo de Diógenes. Al decidir tomar al tonel desechado como su residencia perpetua no pretendía( a mi manera de ver las cosas) protestar contra la devoción de sus congéneres hacia los bienes materiales, sino que solo intentaba protejerse de las insoportables variaciones cilmáticas de Sinope. El no pretendía cambiar nada, no quería protestar contra nada; el cinismo sirve para desnudar al hombre, para verificar la repugnancia física y espiritual que lo acompañará hasta su muerte.

Se cuenta que en una ocasión en la que se le invito a que pasara dentro de una casa ricamente amueblada, el dueño le dijo: "Sobre todo no escupas en el piso". Diógenes, que tenía ganas de escupir, le lanzó el lapo a la cara argumentando que no había encontrado otro lugar más sucio para hacerlo.

Es por eso que nunca he considerado necesario crear ni mantener un blog, pues prefiero mi habitación para reflexionar sobre la inmundicia que acompaña a cada una de las expresiones humanas. Yo,como el "perro celestial", prefiero mi tonel

Jesús Zamora Bonilla dijo...

Anónimo:
la repugnancia es una reacción psicológica generada por la selección natural, que, aunque con una base común (ciertas cosas suelen dar asco a todo el mundo), luego la historia de cada uno modula (a cada uno le dan asco cosas distintas); pero no hay nada EN LAS COSAS MISMAS (incluyendo en ello la vida humana) que sea "asqueroso" o "repugnante". Cuando experimentas la repugnancia de la vida humana, sólo te percibes a ti mismo.

Anónimo dijo...

¿Nada es repugnante? ¿Y entonces por qué la fisonomía de todo hombre y de toda mujer tiene que resultarme tan repugnante? Quizás habría sido mejor ignorar todos los conceptos inherentes a la función orgánica que cumple cada órgano, cada extremidad, cada sentido. Ahora ya es tarde. No puedo observar una cara sin imaginar millares de poros grasientos vomitando sudor. Y sería una bendición poder encontrarme frente a una nariz sin considerar la colosal cantidad de residuo nasal que, durante años, ha pasado por cada una de sus fosas. Incluso mis pesadillas diurnas incluyen escenas en las que me asfixio en medio de una habitación repleta de cabelleras negras. ¿Cómo tolerar los toscos rasgos de una cara negra, la asquerosa forma en la que la piel de los blancos se ruboriza, o la piel de los mestizos eternamente sucia? Yo no le concedo ninguna alabanza a la carne. Mi existencia resultaría mucho más tolerable si la materia no se presentase transformada en trozos de carne deformes bendecidos con el don del movimiento.

Jesús Zamora Bonilla dijo...

Anónimo. Lo que digo es que nada ES repugnante 'en sí mismo', sino que es repugnante PARA un determinado organismo. Las moscas no sienten nada de repugnancia por la mierda, pero yo sí. Luego la mierda no es repugnante EN SÍ, sino PARA MÍ.