28 de octubre de 2008

Mi animalismo



Estoy convencido de que cada vez que hablo de mi sentimiento animalista, mi interlocutor me convierte en una caricatura. Y ante su mueca de estupor, casi tengo que palparme la cabeza para comprobar que no me han crecido repentinamente antenas de alienígena venusiano. Y es que la idea del animalismo es un concepto tan misterioso , desconocido y ajeno para la mayoría de la gente, que prejuicios y distorsiones de todo tipo se vierten sobre quien confiesa tal desorden mental. Creo, pues, necesario clarificar en la medida de lo posible en qué consiste mi idea de la defensa animal, si bien reconozco mostrarme bastante escéptico sobre el éxito de este intento: hoy en día apenas pesan los razonamientos ;en lo que cabe calificar como un puro acto de fe, son las opiniones mayoritarias, por el mero hecho de serlo, las que apisonan todo esfuerzo argumentativo proveniente de un grupo minoritario; da igual cuántos datos, estudios o estadísticas se ofrezcan, la gente prefiere refugiarse en la seguridad del “si todos lo hacen, por algo será”, abdicando así de algo tan básico como la autonomía del juicio. En fin, ellos se lo pierden…
Lo primero que hay que precisar sobre mi animalismo es que no se trata de subvertir los valores; no pretendo degradar al ser humano y encumbrar a los búhos a las universidades, a los leones a los ayuntamientos ni a las raposas a los consejos de administración de empresas, como quieren hacer ver quienes desean desacreditarnos haciendo de nuestros ideales un ridículo esperpento . El animalismo es un movimiento de adición (así como una adicción, como lo suelen ser las causas de índole ética…); todos los animales, y no sólo nuestra especie junto con aquéllas a las que hemos convertido arbitrariamente en amigos privilegiados , tienen derecho a una dignidad que les ha sido arrebatada. Por ello, aspiramos a devolver a los miles de millones de animales rebajados a objetos de consumo la condición que les es propia: las gallinas, en lugar de malvivir hacinadas, inmóviles en hediondos pabellones , deberían desarrollar sus capacidades de relación (son animales sociables)y de movimiento ; en suma , deberían experimentar la vida. Y lo mismo es aplicable a los cerdos, vacas, pavos, visones y muchas otras especies. Si retomamos la aristotélica división tripartita de la vida en nutritiva (vegetal), sensitiva (animal) e intelectiva (humana), es de justicia procurar que todos los animales disfruten de la vida sensitiva que les corresponde, en lugar de la nutritiva (fábricas de engorde) a la que se ven confinados.
Pero esto no es sino el nivel más embrionario del animalismo; es necesario profundizar bastante más.

Mi decidida militancia descansa sobre tres pilares que considero fundamentales e irrefutables.
-Uno: afirmar de forma categórica la capacidad de todo animal (excluyendo acaso a los espongiarios y similares, catalogados como “parazoos”) de experimentar sensaciones de muy diversa índole, en función de las características y del grado de complejidad de cada especie. En cualquier caso, todos los animales en sentido pleno compartimos la posesión de un sistema nervioso que nos informa sobre la naturaleza del mundo y nos provee de sublimes instrumentos para desenvolvernos en él. Claro que el animalismo presta especial atención a las sensaciones de dolor y de placer, por cierto,cualidades particularmente desarrolladas en la mayoría de las especies que consumimos. No son precisamente los anélidos o cnidarios los que forman parte de nuestra dieta carnívora, sino mamíferos, peces, y aves, todos ellos dotados de una rica y compleja sensibilidad , quienes conforman el grueso de la carne consumida por los humanos.
Y es esta sensibilidad la que lleva a los animales a tener intereses (me refiero a intereses activos, no los meramente pasivos, como los nutritivos propios del reino vegetal), deseos, preferencias, que les impele a establecer toda una red de relaciones con sus congéneres y con su mundo circundante. Sospecho que quienes sean ajenos al animalismo se sentirán algo incómodos al leer esto –como bien observó Darwin: “no nos gusta considerar como iguales a quienes hemos hecho nuestros esclavos”- , ya que preferirían pensar en los animales no humanos como simples máquinas biológicas, movidas por impulsos mecánicos y desprovistos de nada semejante a una mente. Si así fuera, no habrían de sentir el menor remordimiento cada vez que hincaran el tenedor en el tierno cuerpo muerto que yace en sus platos. El autoengaño suele servir de magnífica coartada para así satisfacer nuestros propósitos egoístas. Afortunadamente, los progresos en fisiología, neurología y etología han proporcionado pruebas lo bastante contundentes como para desmontar toda pretensión neocartesiana.

-Dos: abrir los ojos ante lo que propiamente puede calificarse de monumental y contumaz holocausto animal, especialmente cuando, a partir del comienzo del SXX, en un proceso inmerso en la revolución tecnológica moderna, se dio paso a la producción industrial de carne, una eficiente maquinaria de convertir el cereal en proteína animal.(Véase, por ejemplo, la detallada exposición de tal proceso en “The Omnivore´s dilemma”, de Michael Pollan) Aquí cobra especial sentido la sentencia de Schopenhauer: “El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales”. Las cifras de la matanza son mareantes: Jean Baptiste Jeangène Vilmer, en su reciente libro “Èthique animale” ofrece una cantidad de cincuenta y tres mil millones de animales (53.000.000.000) consumidos anualmente por ese Juggernaut en que se ha convertido nuestra especie (¡homo esophagus colossus!) Se ha calculado que sólo en España se liquidan 1.850.000 pollos ¡al día! Y recordemos una vez más que detrás de cada unidad se halla un individuo dotado de complejas emociones , sentimientos e intereses. Recomiendo encarecidamente la lectura del maravilloso libro “the pig who sang to the moon” , de Jeffrey Moussaieff Masson -desgraciadamente no traducido al español; esa temática no parece interesar…-, donde podemos sorprendernos de la rica vida emocional de esas especies percibidas por la gente como mero alimento.

Pero los dos argumentos ya expuestos no bastan para rematar la causa animalista. Es necesario el tercer pilar
-Tres: Pero ¿y si no tenemos más remedio que consumir alimentos de origen animal? En este caso el edificio argumental animalista se derrumbaría sin remedio, pues nuestra supervivencia se antepondría a cualquier actitud de compasión hacia nuestras potenciales víctimas, de la misma manera que el león -la leona, propiamente; son ellas quienes cazan- no puede permitirse el lujo de compadecerse de un ñu… Por decirlo de forma sencilla, todo “deber” ha de estar supeditado a un “poder”; la ética se pliega humildemente ante la perentoria necesidad. De modo que hay que preguntarse seriamente si el consumo de animales nos es necesario. Y aquí parece que procede presentar toda una batería de datos y estudios que demuestren que, efectivamente, nuestra especie en absoluto requiere de alimentos de origen animal para sobrevivir. En realidad, me limitaré a recomendar la visita a los numerosos sitios en internet dedicados al tema de la nutrición vegana, entre otros:
www.vegansociety.com/food/nutrition
www.veganhealth.org/sh
www.pcrm.org/health/veginfo/index.html (¡médicos!)
www.nomilk.com (expone lo que no se dice sobre los lácteos)
www.vegfamily.com (familias veganas, nutrición infantil, etc)
www.eatright.org/cps/rde/xchg/ada/hs.xsl/nutrition_5105_ENU_HTML.htm (obtenido de la ADA Asociación de Dietistas Americanos, por si se sospecha de la objetividad de las webs anteriores)
Unas cuantas en español:
www.vegetarianismo.net/nutricion
Unión Vegetariana Internacional
www.wikivegan.org/index.php5?title=Pirámide_de_nutrición_vegana
o, por supuesto, la información dedicada a la nutrición en mi apreciado foro:
www.forovegetariano.org/foro/index.php



En fin, la cantidad de información es apabullante. Creo que hace falta ser todo un fanático de la dieta carnívora como para negar que la alimentación vegana resulta plenamente satisfactoria para el ser humano. Y en último término, acudiendo a un recurso empírico básico, no hay más que observar a quienes practicamos el veganismo y decidir si se nos ve famélicos, demacrados macilentos y enfermizos. Todos los estudios estadísticos realizados tanto sobre calidad como esperanza de vida arrojan resultados favorables hacia las dietas vegetarianas.(estudios actuales, claro está. Los caóticos experimentos veganos adoptados por ciertas comunidades hippies en los años 60-70 no pueden contar, habida cuenta de su suicida falta de variedad y nula planificación) Creo que más bien han de ser los carnívoros habituales quienes deben preocuparse por la inquietante lista de enfermedades asociadas a la ingesta de proteínas animales, desde las de tipo cardiovascular hasta diversos tipos de cáncer, pasando por las alergias, diabetes, y otros muchos males que sería prolijo enumerar aquí.
La conclusión que debe extraerse de este tercer punto me parece estremecedora: el consumo de carne no se debe a razones de necesidad, sino simplemente a la suma del placer y la costumbre. Nada más. Es terrible pensar que nuestra sociedad está dispuesta a sacrificar una innumerable cantidad de vidas, a montar descomunales pabellones de rápido engorde y exterminación de seres inocentes para dar satisfacción a nuestras sibaríticas papilas gustativas. “Un país, una civilización se puede juzgar por el modo en que trata a los animales” escribió Gandhi; pues sospecho que salimos bastante malparados de este juicio. Claro que no ha lugar a tal juicio, cuando el crimen se mantiene oculto; y esto es lo que nuestra sociedad, por medio de los poderes públicos, del sistema educativo, de la inestimable colaboración de los medios de comunicación, se afana en lograr, con notable eficiencia, por cierto. “Ojos que no ven, corazón que no siente” Y ciertamente es poca la gente que conoce las cloacas de la producción carnívora…y mucha menos la que está dispuesta a enfrentarse a sus propios demonios. Mejor mirar hacia otro lado, que uno corre el riesgo de aborrecer de lo que averigüe, y de verse forzado a cambiar…

Recapitulando, mi base argumental para declararme animalista descansa sobre la siguiente posición: soy consciente de las capacidades sensitivas de los animales, de las dimensiones de la explotación de que son objeto, y de que su consumo es hoy en día (en el 1er Mundo, al menos) completamente superfluo. En consecuencia, la renuncia a dicho consumo constituye para mí un deber ético elemental

Y con esto me basta; creo innecesario e incluso contraproducente enredarse en discusiones fútiles que a nada conducen. Y conste que mi veganismo no me convierte en un santurrón, un iluminado, ni me confiere una presunción de superioridad sobre los demás ( venablos que suelen arrojarnos quienes se muestran molestos ante nuestra postura; no dejan de ser burdos ataques ad hominem , arteras maniobras de diversión , muestras de impotencia ante nuestro sólido edificio argumental) Tampoco considero que el veganismo suponga una renuncia o sacrificio extraordinario, puesto que la amplia variedad y cantidad de ingredientes y recetas a nuestra disposición nos permite disfrutar plenamente de este tipo de dieta; tan sólo hay que estar dispuesto a experimentar y a dejar seducirse por un nuevo y fascinante abanico de productos. El paladar humano resulta ser extremadamente maleable , adaptable, de modo que en cuanto ciertos sabores quedan apartados, otros vienen a ocupar su lugar sin mayores trastornos. Una vez superados los recelos iniciales a probar este nuevo universo de texturas y sabores (de los que el multiusos seitán, las hamburguesas vegetales, los helados sin leche, los nuggets de “pollo”, los patés vegetales, los diversos “quesos” vegetales www.buteisland.com , los palitos de “pescado” no son sino unos pocos ejemplos de una larga lista de muy logrados sustitutivos de sus cruentas contrapartidas), uno puede prepararse a gozar plenamente de un estilo gastronómico saludable y satisfactorio.

No he olvidado que toda la exposición anterior se ha centrado en el ámbito alimentario, cuando el animalismo vegano trasciende con mucho este aspecto y lucha por desterrar todo empleo de animales en la vestimenta, en el entretenimiento y en la experimentación (vivisección). Sé que el no cubrir estos frentes, que tanto sufrimiento y muertes inútiles producen, amputa todo discurso animalista coherente. Supongo que en posteriores entradas tendré oportunidad de abordarlos detenidamente

Por último me interesa precisar que el animalismo no está motivado por el amor que sus partidarios sientan por los animales, sino por una simple cuestión de justicia hacia ellos. Al igual que hay cantidad de personas no animalistas que dicen amar a los animales (algo que por otra parte suena oximorónico: si los aman, no debieran consumirlos por placer) también es posible, aunque no frecuente, que a un animalista no le gusten ni se sienta atraído por ellos. A modo de comparación, pensemos en alguien a quien no le gustan los niños; es más, quizás hasta le resulten molestos y agobiantes, lo que no obsta para que , por pura justicia, haga todo lo posible por evitar todo maltrato y explotación hacia ellos. ¿No es este caso perfectamente aplicable a nuestros sentimientos hacia los animales? Indudablemente, lo es.
En consecuencia, el animalismo ha de relacionarse con la ética y no con la simpatía o antipatía que los animales susciten en nosotros. Y hay que felicitarse de que cada vez más Facultades de filosofía hayan abierto departamentos dedicados a la ética animal, lo que constituye un esperanzador signo de que, al igual que otras causas éticas fueron antaño minoritarias y hoy son ampliamente aceptadas, nuestra especie vaya abriendo progresivamente su círculo de compasión y sentido de la justicia, hasta llegar a aplicarlos hasta sus últimos confines. Claro que uno no es tan inocente como para hacerse ilusiones de que vaya a vivir tal situación; el camino es largo y tortuoso, y es necesario un enorme cambio en la mentalidad colectiva para que el sueño llegue a cristalizar. En todo caso, me conformo con ver firmemente plantadas las semillas de la Liberación Animal y en contribuir modestamente a su factibilidad.
No creo en la reencarnación; sólo disponemos de una vida , preciada e irrepetible. Y por eso me uno a la idea de Nietzsche cuando, ante la ausencia de toda deidad, exhortaba a cada ser humano a hacer de nuestra fugaz existencia una obra maestra. Y el animalismo no deja de ser una llamada a tratar de erradicar las tendencias tanáticas presentes en nuestra naturaleza y apostar por un ser humano libre de sufrimiento y de crueldad

14 comentarios:

aminuscula dijo...

Lo bueno es que también somos ejemplo (sobretodo los que trabajamos en educación), por lo menos para que haya una aceptación, una normalización de esta postura vital, de este modo de ver el mundo.

A mi me preguntan muchas veces los niños "¿Pero por qué no te gusta el jamón?" y yo les digo que sí me gusta, me encanta, pero no me lo como por todo el sufrimiento ajeno que un trozo de jamón supone. Y se quedan pensativos. Eso está bien. Y me aprecian lo suficiente (por suerte) como para no menospreciar mis actitudes.

sujal dijo...

Muy bien explicado, erfoud. Tendremos que hacer también fotocopia de esto y repartirlo entre aquellos que manifiesten una pretendida curiosidad.

Anónimo dijo...

BARRY HORNE NO HA MUERTO...
http://www.accionvegana.org/subprinc/especiales/barry_horne/index.htm

Júlia dijo...

Hola!
estaba cotilleando tu blog y me he parado a leer este post. Como dice sujal, muy bien explicado! Me lo guardo para pasar a quien a veces pregunta, que l@s que no tenemos tal capacidad de exposición, tenemos que buscarnos la vida! ; )

Júlia (matrix)

Anónimo dijo...

En cuanto al edificio argumental vegetariano quisiera compartir con usted algunas cuestiones relacionadas con sus tres pilares fundamentales e irrefutables, al parecer, por el mismo que los sostiene -lo que es del todo lógico y sospechoso al tiempo.

- Sobre la capacidad de experimentar sensaciones de los animales destinados al estómago humano:

Qué duda cabe que los distintos sistemas nerviosos de las distintas especies proveen de los medios para que nosotros, animales, nos relacionemos con nuestro entorno. Coincido con usted en esto, aunque no siempre esa relación sea una relación desenvuelta y "sublime", tal como demuestran las extinciones (por incapacidad de adaptación), los pasos en falso, las debilidades que conducen a la muerte a un sin fin de individuos animales (de los que se aprovechan las especies depredadoras, por lo general) y la mecánima misma de la selección natural a lo largo y ancho de eones de este curioso planeta.

En cualquier caso, la sensación que mayor importancia hemos de dar en cuanto al asunto vegetariano es el dolor, y tal como usted indica la capacidad de experimentar dolor está presente de forma manifiesta en muchos de los animales que consumimos: mamiferos, aves...

Pero le pondré un caso hipotético de individuo vaca: procuramos que dos bos taurus copulen entre sí, la vaca que nace (sujeto que nos interesa) es alimentada adecuadamente, es decir, criada con suficiente esmero, cuando puede producir leche la extraemos regularmente por medios inocuos, si antes o después decidimos sacrificarla entonces la matamos de la forma más rápida e indolora posible. Pues bien, al parecer a lo largo de la vida de nuestro indivio ese dolor que es tan capaz de padecer no parece manifestarse de forma patente. Yo diría que esa vaca sufre poco, aunque la verdad es que deberíamos tener mediciones neurológicas del dolor que sufre a lo largo de su vida, realizar un estudio entre diversos individuos y comparar con alguna especia animal similar y silvestre.

Claro que sería más interesante extender el asunto del "dolor" y tratar, en su lugar, de la "calidad de vida". Porque en general me parece muy sencillo explotar a una vaca, oveja, etc. sin provocarle más dolor, en toda su vida, del que sufriría si se rompiese una pata en cierta hipotética vida silvestre.

Por supuesto, yo personalmente no sé hasta qué punto nos sería posible medir la calidad de vida de una vaca o, mejor dicho, la sensación de felicidad de una vaca criada y muerta en cautividad en relación a otro individuo animal de especie similar en circunstancias silvestres. Aunque me parece difícil, nótese que no lo considero imposible. Ahora bien, me permitirá que me mantenga escéptico en cuanto a si una vaca o un rebaño de ovejas tienen una experiencia negativa de su vida en cautividad, como tal.

Así pues el asunto del dolor me parece irrelevante y por irrelevante un pilar inútil sobre el que sostener el vegetarianismo. Pues en resumen: si puedes explotar a un animal sin dañarlo, la explotación es lícita (si basamos la licitud en el dolor).

Anónimo dijo...

- Holocausto animal:

Antes de considerar las dimensiones éticas negativísimas de un holocausto animal habría que asegurarse de que una sola de esos animalicidios fuese éticamente reprobable. Dado que los carnívoros dudamos de que no sea ético matar a uno de ellos, por extensión el holocausto, sin importar las cifras, es indiferente.

Por lo que se trata de un pilar argumentalmente inútil si es que no se demuestra con antelación la falta de ética en el animalicido de un sólo animal distinto de un ser humano.

Seguramente sepa usted que incluso el homicidio no siempre es éticamente reprobable. Por lo que no parece que nos enfrentemos a un asunto sencillo, aunque sí muy interesante.

- Necesidad y opcionalidad:

Sin duda el hecho de que podamos vivir comiendo sólo plantas, es decir, exterminando vida vegetal (por aquello de emplear palabras que impliquen emocionalmente), no convierte el animalicidio en automáticamente en reprobable.

O dicho de otro modo: la opcionalidad, per se, no hace de lo opcional algo reprobable. Tal cosa no se sostiene lógicamente de ninguna manera.

Por lo tanto este tercer pilar también es inútil como fundamento para el vegetarianismo.


En resumen: lo único importante es demostrar que explotar o matar a un animal distinto del hombre es éticamente reprobable, de forma consistente, lógica y razonada. Este pilar debería ser el único, por esencial.

En mi opinión, y dado que es posible la explotación inocua de los animales y su sacrificio indoloro, no veo en ello ninguna traba ética. Por tanto, mientras su cría y sacrificio se haga con las debidas garantías de no sufrimiento, lo considero del todo aceptable.

erfoud dijo...

El dolor no es el único aspecto que hay que tener en cuenta a la hora de la consideración ética hacia los animales. Si así fuera, tendríamos a éstos como simples autómatas dolientes, y está claro que esto no es así: por mucho que la sociedad se empeñe en ocultarlo, los animales son sujetos de una vida, tienen intereses activos que trascienden con mucho el hecho de sentir o no dolor (las especies sociales, por ejemplo, necesitan ejercer su sociabilidad...)
Reducir a los animales a sus sensaciones de dolor y placer es una simplificación inaceptable, pues soslaya todo un universo de EMOCIONES , más o menos complejas en función de la especie a la que pertenezcan, que empiezan a conocerse con una creciente precisión gracias a los espectaculares progresos de la etología.
El caso hipotético que Vd menciona de los individuos vaca no lo considero afortunado, en primer lugar por el simple hecho de querer justificar una situación de explotación real (la actual) a partir de un caso hipotético radicalmente opuesto a la realidad; no valen los "si las vacas...", "si las sacrificamos..."ya que nada tiene que ver con lo que vivimos en este mundo real. También podría especular con la creación de seres humanos desprovistos de emociones y de sentimientos a los que se podría esclavizar sin remordimientos...especular es libre, pero de poco sirve.
Por otra parte, queda aparentemente perfecto el extraer la leche de la vaca de forma indolora, y quizás sea posible hacerlo, pero lo que no parece ser factible es hacerla producir leche sin preñarla previamente -así son las hembras de mamífero!- con lo que se nos presenta el insoluble problema de un ternero recién nacido que se quedará sin la leche materna, que será rápidamente matado (ups, perdón! Sacrificado), con lo que el argumento de explotación inócua queda hecho trizas.
No, no es posible una explotación aséptica e indolora, y menos aún en una sociedad humana que requiere unas cantidades masivas de carne, huevos, leche etc, con lo que se hace indispensable la producción industrial de productos animales. Me alegra que Vd abogue por la explotación "humanitaria" de los animales, pues ello significa que renunciará sin duda a los métodos actuales de producción animal, que sin duda implican un enorme sufrimiento para los miles de millones de animales de granja.
Por otra parte,me llama la atención la frase "me permitirá que me mantenga escéptico en cuanto a si una vaca o un rebaño de ovejas tienen una experiencia negativa de su vida en cautividad, como tal." Aunque uno ya está bastante acostumbrado a sofismas de este tipo, no dejo de encontrarlos del todo absurdos: si las ovejas padecen una cautividad dura, es evidente que tendrán una experiencia negativa de ella. Y es que muchos científicos y psicólogos especistas, al tratar de minimizar los horrores que los humanos infligimos a los animales, se sacan de la chistera conclusión tan sesudas como "los animales pueden sentir dolor, pero no son capaces de ser conscientes del mismo" y con perlas de tal índole, parecen quedar con la conciencia perfectamente tranquila.
Uno puede rizar el rizo cuanto guste, lo que sea con tal de negar lo evidente: que los animales tenemos intereses activos, complejos y definidos, y que los humanos hemos convertido al resto de los animales en objetos de depredación para nuestro uso y disfrute. Y por mucho que no vea vd menoscabo ético en causar muerte y sufrimiento por placer, sin necesidad, tal tara ética existe. Si puedo evitar un daño, debo evitarlo. Simple y autoevidente

Anónimo dijo...

Buenas Sr. Erfroud, soy el anónimo de antes (bueno, me llamo Mitxel en realidad... el anonimato a veces queda "feo").

Estoy de acuerdo con usted en que los animales son sujetos de emociones, conscientes y, en algunos casos, quizá seres auto-conscientes. Los experimentos con nuestros primos cercanos, los primates, dejan poco lugar a dudas en este sentido.

Aunque ya sabe que para demostrar extensamente todo esto o, más bien, que "cunda" entre la gente aún queda un buen trecho: al fin y al cabo aún hay una mayoría de gente anclada en creencias tales como el alma y la creación privilegiada del ser humano, y no son minoritarias las corrientes filosóficas y psicológicas que privilegian al ser humano y lo colocan en un plano quizá demasiado elevado con respecto a nuestros compañeros animales. De hecho, hasta donde yo sé, la filosofía define al ser humano en función de lo que le diferencia de otros animales.

Como le decía, yo estoy de acuerdo con usted en, digamos, juzgar a gran parte de los animales que consumimos como seres emocionalmente complejos.

Pero de nuevo, el quid de la cuestión radica en si no es ético explotar, provocar dolor y/o matar a tales animales, como veníamos diciendo.

***

En cualquier caso quisiera hacerle notar unos asuntos que a mi parecer caen por su propio peso lógico.

Si usted considerase el animalicidio como éticamente reprobable lo haría, necesariamente, en virtud de considerar a un individuo animal como sujeto de derecho a la vida. Como ve, yo no le pido por ahora demostración, pero sí que me gustaría resaltar lo que "se sigue" de asumir tal cosa.

Imaginemos para empezar a dos individuos animales distintos de los que garantizamos el derecho a la vida de forma indiscutible: dos individuos humanos.

Acordaremos sin discusión que una persona no "puede" matar a otra en función de sus necesidades, de lo contrario legitimaríamos el asesinato por un sin fin de motivos que se seguirían de lo que es "necesario": el económico se seguiría de la necesidad de alimento, por ejemplo, y así legitimaríamos el asalto homicida.

Para un mente atenta, sin duda que ciertamente son esas "necesidades" las que motivan lo que consideramos delitos, pero del mismo modo los consideramos delitos por entender que una persona ha de respetar una serie de derechos positiva o naturalmente asociados a un ser humano (vida, propiedad, etc.) y que está obligado a buscar, como mínimo, una alternativa legal en la búsqueda de la satisfación de sus necesidades.

Anónimo dijo...

Ahora bien, considerando a dos animales distintos del hombre como sujetos con derecho a la vida:

El caso de un depredador (leona) y su presa (gacela), por poner un ejemplo digno de National Geographic:

Por fuerza nos encontramos aquí a un sujeto que mata a otro en función de sus necesidades, ejemplo equiparable entonces al anterior.

Dado que consideramos a león y gacela como sujetos con derecho a la vida hemos de considerar por fuerza que el león comete un atentado contra los derechos de la gacela.

Usted podría arguir: el león no es consciente de tal derecho. Pero el derecho impera incluso cuando uno no es consciente del mismo, razón por la cual uno no puede alegar en favor de sí mismo en caso de haber cometido un delito que "yo es que desconocía esa ley".

Podría usted arguir: es necesario, para la vida del león, dar caza a la gacela; y ciertamente la "naturaleza" evidentemente depredadora del león parece apoyar esa afirmación. Y aquí habrimos un frente argumentativo:

¿Podría el león comer carroña en lugar de carne viva? Quizá sí, pero la naturaleza del león parece "haber encontrado" en la depredación la forma más efectiva o quizá única de supervivencia. Nos encontramos con que el léon no parece tampoco capaz de sobreponerse a su naturaleza y cambiar de hábito si no es por una necesidad imperiosa ajena a su voluntad (que no hayan gacelas u otras presas alrededor). Por lo tanto eximimos, al parecer, de culpa al león ya que es del todo incapaz de distinguir lo que de malo hace al destripar a la gacela.

Ahora bien: imaginemos el caso de un homicida psicópata que por motivo de su enfermedad mental no distingue el bien del mal, hablando en plata. Sin duda usted y yo acordaremos que el asesino quedará eximido de culpa por ser un enfermo ya que, paralelamente al ejemplo anterior, su "naturaleza" lo impulsa más allá de su capacidad para oponerse a la misma. Pero eso no es todo: usted y yo acordaremos que el enfermo mental habrá de ser tratado y además pondremos los medios posibles para detectar y "curar" esta enfermedad entre los sujetos de nuestra sociedad para prevenir asesinatos de esa índole. Además, si usted viese a un psicópata en proceso de cometer un asesinato sin duda que llamaría a la policía o incluso arriesgaría su vida con tal de defender a la futura e inminente víctima.

Anónimo dijo...

De lo que se sigue, necesariamente:
- Que la naturaleza exime de culpa.
- Que sin embargo la ausencia de culpa no repara el daño (el animal ha muerto), por sí misma.
- Que usted, que es consiente del daño, ha de ponerle remedio: lo prevendrá en un futuro.

Así pues de todo esto yo concluyo que si usted considera al animal complejo como sujeto con derecho a la vida, por fuerza ha de evitar que el león deprede a la gacela, y dado que para nosotros los humanos es posible: usted está éticamente obligado a hacerlo.

Por ejemplo: podríamos encerrar en jaulas a todos los leones si es que no es posible reformarlos de su tendencia depredadora, del mismo modo se encierran por vida a enfermos mentales irreparables y peligrosos. Pues la balanza ética es obvia: ¿privar de libertad a un depredador o privar de la vida a otro ser? Sin duda nos decantaremos por lo primero.

Me parecería inconsecuente, si me lo permite, que un animalista criticase el consumo y la explotación de animales y no pusiese remedio a todas las depredaciones que se dan en la natureza, pudiendo hacerlo aunque fuera en parte.

Además, déjeme decirle que en mi opinión la explotación de los animales forma también parte de la ahora más sutil forma de depredación en el ser humano. Ya que al fin y al cabo la explotación industrial se sigue de la necesidad de alimento (en cantidades masivas, como usted ha dicho) y es una habilidad humana y natural la que sirve de fundamento a la industria alimentaria: nuestra inteligencia para explotar recursos y adaptar nuestro entorno a nuestras necesidades.

Sin duda que yo admiro y aprecio también la inteligencia del vegano, por ejemplo, para alimentarse a base de vegetales y algún suplemento vitamínico que otro.

Pero, como le venía diciendo, no se trata de posibilidad u obligatoriedad, sino de demostrar un derecho a la vida (y otros) que hace reprobable el animalicidio.

Y, por otro lado, ser absolutamente consecuentes con tal afirmación, pues me parece haberle ya demostrado hasta qué punto tal afirmación supondría tener que intervenir en todos los ecosistemas terrestres en defensa de tal derecho.

Para terminar, está por ver si nuestra propia naturaleza como depredadores inteligentes y explotadores industriales no nos eximiría de nuestro propio juicio al respecto, como por ahora bien parece ser.

erfoud dijo...

Todo es mucho más sencillo que lo que Vd Plantea (A veces el exceso de literatura entorpece la argumentación)

-La ética es un ámbito humano, pues nosotros somos los únicos que podemos valorar el sentido de nuestros actos
- Por ello, no tiene sentido aplicar estos criterios éticos a la acción del león sobre la gacela. Interferir sobre esto no tiene el menor sentido
- Los humanos hemos de preocuparnos sobre el carácter de nuestros actos. Y, repito hasta la saciedad: a diferencia de la alimentación del león (especie carnívora), nosotros (especie omnívora) sí podemos elegir cómo alimentarnos y hacerlo de la manera que menos sufrimiento ocasione sobre otros animales sintientes. Y como la ética depende de la necesidad, se concluye que "DEBEMOS SER VEGANOS PORQUE PODEMOS SERLO" Quien no lo sea (en el mundo occidental-opulento, claro está) expondrá un déficit ético por estar dispuesto a obtener un placer a partir del sufrimiento ajeno.
Y no hay mucho más. Subterfugios, excusas, se pueden ofrecer a montones, pero la realidad es la que es:clara sencilla de entender, incontrovertible

Anónimo dijo...

Sr. Erfoud

Usted lo ve todo clarísimo porque usted ya está de acuerdo consigo mismo, faltaría más.

Sin embargo, como ya le dije, si que yo mate a una vaca es censurable, lo es tamién por motivo de la vaca.

Usted lo dice bien claro: los animales son sujetos de vida emocional, sentimientos, etc. Si no lo fueran ¿en qué se diferenciarían de los vegetales que usted consume? ¿No puedo yo partir y despedazar mis vegetales libre y sonriente?

Pues bien, si por H o por B yo admito que debo respetar esa vida emocional y permitirle el poder medrar en libertad, no lo admito en virtud de mí mismo, no porque puedo admitirlo y lo contrario, sino porque entiendo que tal clase de sujeto merece, per se, vivir y prosperar sin dolor, cautividad, etc.

Ya le dije que yo no condenaba al león porque entiendo que el león no es capaz de discernir la categoría vital que usted SÍ asocia a los animales complejos.

Pero, como ya le dije, que el león sea un psicópata por naturaleza, no hace de su acto un acto menos atroz.

Se lo diré de otro modo: un ser humano es un animal, un ser humano fustiga a un caballo, usted condena ese acto por ser un acto cruel no sólo porque el hombre actúa de acuerdo a su voluntad de provocar dolor con un fin lúdico, sino también porque el caballo es capaz de padecer ese dolor y sentirse reducido al más descarnado sometimiento.

Creo que se lo estoy pintando la mar de bien:

¿Si usted viese a un chimpancé masacrando a otro chimpancé qué pensaría? ¿"Bueno, no son animales sujetos a ética humana"? Como ve, le he puesto un ejemplo realista de animales muy próximo a nosotros.

Hasta donde yo sé: si usted considera que un animal merece ser respetado por un ser humano, también ha de admitir que merece ser respetado por el resto de animales. ¡El animal y sus sentimientos son los mismos!

¿Es cruel matar a golpes focas y no es cruel que otros depredadores deboren vivas a las focas?

¿Es cruel disparar a un ciervo y no es cruel destripar viva a una gacela?

No sé si me explico. Póngase en el lugar de la foca, gacela en cuestión, ¿a usted qué más le da quién le despedace? Lo que usted querría, en caso de ser sujeto de vida compleja, ¡es vivir libremente y con seguridad!

¿Es que no siente ansiedad la gacela al ser perseguida por el léon? ¿Sólo cuando es abatida por el hombre? ¿No siente el colmillo desgarrador al igual que la penetrante bala?

Bien... no sé hasta qué punto me acabo de explicar.

Usted quiere evitar que los hombres depreden porque pueden evitarlo: bien, usted también puede evitar que el resto de animales depreden, ¿a qué espera? Preparemos las jaulas.

Jo dijo...

se puede ser animalista, y comer carne? =S
no es por placer, sino porque las circunstancias me olbigan.
en realidad, deseo de todo corazón ser vegetariana (al menos).
es muy dificil, sobre todo para mí que soy una persona medio enferma jeje xD
y ia ps, se puede ser animalista?

Jo dijo...

=)
y muy buen post