27 de septiembre de 2009

Los mugidos del silencio


En ocasiones me pregunto si merece la pena seguir enterandome del dolor y sufrimiento que no me rodea, que no escucho, que no observo, pero que indudablemente existe. Pienso si en lugar de sumergirme en toda la mugre que desprende esta civilización brutal y sanguinaria pero cuidadosamente lavada y de aspecto lustroso, no debería mirar a otro lado y, simplemente optar por desapegarme de todo ello. Al fin y al cabo, esto es lo que hace la gente, actuar como si no existiera un apestoso cenagal de injusticias y atropellos más allá de nuestras narices, o, peor aún, hacer como si nada nos vinculara a él. Y a uno le tienta eso de no darse por enterado, pues al leer sobre el horror uno lo interioriza y el sufrimiento acaba por impregnarle a uno, por ósmosis, y se corre el peligro de dejarse arrastrar por la desesperación, por el hastío vital, por el lóbrego tunel de la misantropía. Dan ganas, pues, de dar un portazo al desván de los horrores y sumarse al mundo de yupi, al disneyworld infantilizado de Nunca Jamás donde nada abyecto tiene lugar. No parece tan complicado: en lugar de digerir amargos documentales de denuncia, puedo disfrutar con "Shrek" o con comedias del tipo "American Pie" y en lugar de retorcerme con la lectura de "Eternal Treblinka" o "Ecocidio", puedo pasármelo pipa con "El señor de los anillos", ¡escapismo a tope! Bueno,también se puede ir infinitamente más lejos y hacerse fan icondicional de er Betis o dedicarse a seguir la pista de las andanzas de Belén Esteban o de Pipi Estrada...Y es que disponemos de un amplísima gama de divertimentos de diferentes grados de alienación. En fin, que es cierto que si el conocimiento de la realidad conduce a la amargura, uno tiene la opción de huir de esa realidad y convertirse en un ignorante feliz. Claro que sospecho que entonces me atormentaría el "prefiero ser un Sócrates insatisfecho que un cerdo satisfecho" ¡vaya, entonces resulta que mejor ser un amargado informado que un risueño escapista! Será que quien sale de Matrix no está dispuesto a volver a él, por muy desagradable que sea la estancia en el "nabucodonosor" y placentera la vida en la caverna. A amargarse, pues.
Todo esto viene a cuento por mi reciente lectura de un capítulo del libro "Thanking the Monkey", en el que se relatan las desventuras de todo ternero que haya tenido la inmensa desgracia de nacer de una madre procedente de una planta de produción láctea. Y , sí,he padecido intensamente al ponerme en el lugar del recién nacido, al que a los pocos días de vida le apartan de su madre, a la que no volverá a ver jamás, y lo condenan a una miserable existencia de aislamiento, angustia e inmovilidad dentro de un minúsculo cajón -los infames veal crates-. Me cuesta figurarme un acto más vil y despreciable que esto, todo un símbolo del absoluto desprecio (en su sentido original:quitar valor)que los humanos tienen de la vida animal. Pasarán los días, y las semanas, en las que la desgraciada criatura, desesperada por su completa inmovilización, angustiada por su extremo confinamiento, privada de su leche materna, recibirá un sucedáneo lácteo ausente de hierro (para que su carne tenga un aspecto claro y sonrosado, tan apreciado por los sibaríticos consumidores), lo que acrecentará si cabe su tormento. Y así, tras unas catorce semanas de suplicio, el pobre animal habrá de encontrar su liberación en el matadero.
¿Extraña que maldiga a una civilización que es capaz de asumir tales prácticas como un hecho normal?
Los nazis no solían detestar a sus víctimas; simplemente concedían un valor nulo a sus vidas. De igual manera, la presente sociedad nazi tampoco odia a sus miles de millones de esclavos animales sino que ha llegado al extremo de considerarlos como meros objetos de mercado.Cuando la lógica (?) industrializadora se aplicó al ámbito ganadero, el criterio preeminente fue la eficiencia en la producción, con lo que los animales fueron "producidos" y criados de una manera mecanizada, sin tener la menor consideración por sus intereses vitales más básicos. Así se explica la concentración del mayor número de animales en el menor espacio posible, los sistemas modernos de cebado intensivo, la administración sistemática de antibióticos y hormonas, así como las diversas formas de manipulación de los prisioneros para maximizar la producción (castración, amputación de rabos,cuernos, picos, dentadura...todo ello sin anestesia) Y es aquí donde podemos enmarcar la mencionada brutalidad a la que se somete a millones de terneros recién nacidos, en medio del más completo desconocimiento o indiferencia de la ciudadanía, sólo preocupada por disponer de un suministro regular de productos animales baratos.
Me pregunto que ocurriría si alguna gran cadena televisiva emitiera un reportaje sobre la infravida de los terneros...¿Cuál sería la reacción del gran público? Si su respuesta expresara una fracción de la indignación que se me apodera cada vez que pienso sobre ello, el escándalo sería mayúsculo. Claro que, ingénuo de mí, tal emisión nunca tendrá lugar en tanto que los medios de comunicación sean cautivos y cómplices de los intereses económicos que hacen posible esta indignidad.
Por lo menos, espero que por medio de estas líneas podáis imaginar lo que se me pasa por la cabeza cada vez que observo a alguien dar cuenta de un "buen" vaso de leche...una leche manchada de sangre

20 de septiembre de 2009

¡Malditos bastardos!


Aprovecharé el título de la última peli de Tarantino para calificar de "malditos bastardos" a los organizadores del nauseabundo rodeo celebrado recientemente en Madrid. No contentos con las manifestaciones de tortura patrias (la fiesta nacional) tienen que importar barbarie de otras tierras. Porque barbarie es hacer un show del desesperado sufrimiento de un animal inocente al que han estrujado su cuerpo con unas correas alrededor de sus genitales, de ahí sus violentas, enloquecidas contorsiones, que la gente erróneamente atribuye a su condición de animal salvaje.
Las corridas de toros se exportan a Las Vegas, a China, mientras que nos abrimos gustosamente a importar exóticas formas de tormento a los animales; curiosa globalización de la brutalidad humana. En lugar de ahondar en nuestra capacidad de empatía, hay quienes buscan nuevos medios de saciar su sádica sed de violencia. Supongo que la máxima Gandhiana:"la grandeza de una nación y su progreso moral de una nación pueden ser juzgados por el modo en que se trata a sus animales" puede aplicarse a seres humanos individuales. Por eso no dudo en exclamar: ¡malditos bastardos!

16 de agosto de 2009

¿Respeto a la especie?


El otro día vi el anuncio televisivo del FROM, ése en el que sale un tipo ataviado de marinero y afirma con un tono enfático:"respetar las tallas mínimas está en nuestras manos. Y es tan fácil como esto" y a continuación salen las medidas convenientes de una merluza, un boquerón y una sardina. Y me acordé del otro anuncio en el que se aboga por la pesca tradicional del Bonito del Norte y se remata con un "respetuosa con la mar y con la especie" Como puede verse, el sector pesquero gusta de emplear este concepto de "respeto" y lo aplica de un modo un tanto particular:al mar, a las tallas mínimas, a la especie...Y todo esto me recuerda también a la actitud del ecologismo estándar (Greenpeace, Ecologistas en Acción, etc) que lanza ciertas iniciativas tendentes a la defensa y protección de determinadas especies con vistas a evitar su inminente extinción. Se trata de llamativas campañas para defender al lince ibérico, a la ballena Yubarta, al oso pardo cantábrico etc.
El caso es que puede parecer chocante el vincular las campañas de ecologistas con las del sector pesquero, pero se aprecia claramente que ambos comparten una misma idea: preservar las especies. ¿Con que fin? En el caso del FROM no cabe duda alguna de que las especies tienen un valor puramente instrumental; sirven para que el ser humano pueda hacer uso de sus individuos indefinidamente, es decir, que el suministro de pescado nunca se agote. En cuanto a los grupos ecologistas, los motivos son bastante más diversos y habrá quienes hablen del valor intrínseco de las especies y otros que defenderán su valor instrumental.
En todo caso, insisto, todos hablan del respeto a la especie. ¿Pero qué diablos son las especies?
En realidad, una especie no deja de ser una forma de abstracción: la colección de individuos que tienen la capacidad de reproducirse entre sí. Es curioso, pero esto recuerda bastante al problema planteado por Platón hace 25 siglos,en el que , mediante una radical división de la realidad, distinguía los objetos del Mundo Sensible (árbol, caballo), de las Ideas que habitan el mundo Inteligible, más allá de la realidad material (La cualidad de árbol o "arboreidad" , la esencia del caballo o "equinidad"),siendo para el ilustre filósofo mucho más real la Idea que el ser concreto y material. Pues, salvando las distancias, en el caso que nos ocupa, tanto para los grupos ecologistas como para los intereses pesqueros lo que cuenta es la abstracción, la especie, y no los individuos concretos que la integran, que pueden ser convenientemente sustituidos unos por otros. Esto queda bien retratado con la actitud de ciertos miembros de Greenpeace que no veían contradicción alguna en alertar sobre la situación de los cetáceos al mismo tiempo que daban buena cuenta de un suculento plato de ballena en un restaurante japonés.
Y así reparamos en el principal punto de desencuentro entre los grupos animalistas y los ecologistas estándar (insisto en calificarles como estándar para distinguirlo de otros tipos de ecologismo que sostienen puntos de vista diferentes): mientras que aquéllos ponen el énfasis en los individuos concretos,como sujetos de su propia existencia, en su deseo de de vivir en libertad y sin sufrimiento, éstos desdeñan esta cuestión y se centran en luchar por la pervivencia de las especies , sin preocuparse por la calidad de vida de sus integrantes. Es decir, los atunes pueden consumirse sin reparos éticos de ningún tipo, pero es fundamental que los atunes abunden. Esto equivale a un "pezqueñines no gracias", indistinguible de los intereses pesqueros.
Los partidarios de la Liberación Animal hemos sido frecuentemente acusados de no sumarnos al cada vez más poderoso movimiento medioambientalista, de trazar una clara línea divisoria respecto a ellos. Se dice erróneamente que ambos tendemos hacia objetivos parecidos , cuando la crucial distinción entre el respeto al individuo o el respeto a la especie dinamita toda conjunción de intereses.
Con todo, uno prevé que el ecologismo evolucionará con el tiempo hasta una inequívoca llamada a llevar una dieta vegetariana, aunque esto sea solamente en razón de la cada vez más evidente insostenibilidad del actual modelo pecuario, emisor de enormes cantidades de metano, generador de enormes cantidades de residuos,derrochador de agua y tremendamente ineficiente como productor de alimento. No serán motivos éticos los que les llevarán a tal cambio de postura, pero al menos esto abrirá nuevas posibilidades de entendimiento con ellos. Hasta entonces, lamentablemente, no queda otra que situarlos junto al FROM...

5 de agosto de 2009

¿Hay alguien ahí?



¿Qué nos dice una mirada bovina? Probablemente poco; habrá quienes, en una suerte de impulso pavloviano vean tan sólo un filete. Otros observarán un semblante opaco, apenas expresivo, del cual extraerán la idea de un ser emocionalmente amorfo. Si además pensamos en sus monótonos y aparentemente anodinos hábitos de comportamiento (pastar-descansar) ya tenemos todos los ingredientes para clasificar a una vaca como un ser apático,plano, escasamente interesante e incluso poco interesado en su propia existencia. Y a partir de aquí es fácil caer en la tentación de considerarla como poco más que una gran fuente de carne y/o leche.Porque su gran maldición es que su inexpresivo aspecto y apacible carácter la convierten en un animal altamente "cosificable", un error de bulto que responde a un descarado interés (el de explotarla a nuestro antojo) y que por otra parte obedece a un pecado de antropomorfismo frecuente entre los humanos: desde tiempo inmemorial -véanse las prácticas totémicas- hemos tendido a ensalzar las cualidades animales admirables para el ser humano, mientras que hemos despreciado a aquellos animales carentes de ellas. Por eso se reverencia el "coraje" del león, la fuerza del toro,la "inteligencia" del elefante, la "fidelidad" en el perro, la, digamos, "dignidad" del águila....pero apenas encontramos en la vaca un valor en el que quisiéramos vernos reflejados.De esta manera, tanto por interés como por este tipo de criterios antropomórficos, se jerarquiza el valor de las distintas especies de una manera tan arbitraria como injusta, pues se desdeña completamente una característica objetiva común a todas las especies: su interés por vivir

Y el caso es que, recién llegado de la granja santuario de California ,tras haber tenido el privilegio de interactuar con varios de sus residentes, me duele especialmente esta ínfima consideración que se tiene a los denominados "animales de granja". Allí pude observar que, lejos de la imagen abúlica e indolente que nuestra sociedad proyecta sobre estos animales, era evidente que cada vaca, cada cabra, cada cerdo poseía unos rasgos propios, una individualidad en suma, así como una disposición particular hacia los visitantes humanos que se acercaban a ellos. En el caso de los bóvidos, por ejemplo, había individuos amistosos, algunos incluso entusiastas - a juzgar por los briosos lametones que nos "propinaron"-, mientras que otros nos demostraron una total indiferencia , cuando no hostilidad desde la distancia. También me impresionó el carácter amistoso de las cabras, visiblemente alborozadas por tener la oportunidad de jugar con humanos, que frecuentemente expresaban a base de suaves empellones

Sí , definitivamente en esos seres hay "alguien" y no "algo", como pretenden hacernos creer quienes tienen intereses comerciales en su salvaje explotación. Es maravilloso sentir el pálpito de un deseo de vivir gozoso, puro, desprovisto de trampas ni artificios. Emociona asistir a una escena en la que la vida no queda ahogada ni desvirtuada por espurios intereses humanos. Y conmueve observar a esta exigua muestra de seres afortunados,en brutal contraste con millones de congéneres suyos que languidecen y se pudren hacinados en pabellones de engorde y exterminio donde son exprimidos sin piedad; este díptico tan dispar expone de forma descarnada por un lado el crimen que la especie humana ha venido perpetrando contra la dignidad de la vida animal, y por el otro muestra cómo deberían ser las cosas en un mundo donde los conceptos de respeto, empatía y justicia no quedaran circunscritos a nuestra propia especie. Urge una reevaluación del lugar del ser humano con respecto a su entorno; se impone la superación crítica de la mentalidad social imperante que ve cosas donde hay animales sensibles. Ojalá algún día la gente mire a una vaca a los ojos y vea a "alguien" y no "algo". Merece la pena luchar por ello.

30 de junio de 2009

en torno al especismo



En los ámbitos animalistas es frecuente oir los términos "especismo", "especista" y "antiespecista", pero mucho me temo que la acepción de cada uno de estos conceptos puede diferir bastante entre quienes los manejan.Y es que ¿Hasta qué punto todos entendemos lo mismo por "especismo"? En el reciente Congreso vegetariano celebrado en Santander, mi admirado Samuel Guerrero trató de dilucidar esta cuestión en su emotiva ponencia "El especismo existe. El veganismo, también". En ella, se propuso entre otras cosas averiguar cuál es el origen de nuestros prejuicios especistas, para, una vez definido, sugerir la solución para combatirlos.Y recuerdo que me llamó bastante la atención su retrato del ser humano como no especista por naturaleza y que son "factores exógenos" como la educación, la familia y los medios de comunicación los que van imponiéndonos las sucesivas capas especistas que acabarán por adherirse a nuestra personalidad. En pocas palabras, que es la cultura humana la que convierte en especista a un humano de natural no especista. Se trata de un enfoque atractivo,de un estilo marcadamente rousseauniano,y muy conveniente para nuestros fines, pero considero que la realidad es bastante más compleja que todo esto. Es posible que el error consista en tener una idea demasiado monosémica, encorsetada del especismo, y que por el contrario habría que distinguir diversos niveles y matices en este concepto. Y para profundizar en el tema, creo imprescindible una seria reflexión sobre la naturaleza humana:¿Qué somos por naturaleza? Quizás así podríamos determinar si el especismo tiene una base biológica o por el contrario cultural de tipo antropogénico.O acaso una mezcla de ambas...
Como no dejamos de ser un producto de la evolución, podría resultarnos de cierta utilidad observar a los animales no-humanos para así determinar si cabe pensar en una actitud especista, o al menos embrionariamente especista en ellos. Vertamos sobre ellos la definición de "especismo": ¿Es cierto que los chimpancés discriminan a otras especies, las tratan peor por el mero hecho de no ser chimpancés? Ciertamente, no parecen tener una gran consideración hacia las termitas, que devoran con fruición, ni siquiera hacia sus filogenéticamente más próximos monos colobus, a los que cazan en espectaculares expediciones. Tampoco cabe suponerles afligidos ante un cervatillo recién cazado por un leopardo. Por el contrario, impresiona cómo observan los patrones de comportamiento establecidos por la comunidad de chimpancés, en los que asistimos a constantes ejemplos de amistad, altruismo recíproco,lealtad, y una amplísima variedad de comportamientos regulados. Visto así, parece lícito pensar en un nivel elemental de especismo en los chimpancés. Tampoco podemos olvidar que entre casi todas las especies animales existe este comportamiento básico que discrimina (distingue) con claridad los individuos de su propia especie de los que no lo son. Así, no resulta concebible el que un hurón devore a otro hurón, y sí lo haga sin miramiento alguno cuando se trata de un conejo...¿Es esto especismo?
Probablemente haya quienes objeten a esto que es ilógico aplicar el término "especismo" fuera del ámbito humano (con lo que habría que replantearse su definición...), ante lo cual sugiero reflexionar sobre la situación de un grupo humano aislado,libre de toda injerencia cultural previa, o, lo que es similar, pensemos en nuestros más remotos antepasados humanos , en un homo sapiens pretecnológico y precultural (en realidad dudo de que tal cosa sea posible, que el homo sapiens sea indisociable de la cultura y tecnología que debió de crear desde sus mismos comienzos...pero en fin)¿Es realista concebir un tipo humano naturalmente no especista, y que considerara a las demás criaturas en un plano similar a los de su propia especie? De ninguna manera; en la misma línea que lo comentado sobre los hurones y chimpancés, no cabe duda de que en ese homo sapiens primigenio existiría necesariamente una radical diferenciación entre sus congéneres y los que no lo fueran.En consecuencia, creo firmemente en esta suerte de "especismo Biológico" presente al menos en los grupos taxonómicos más próximos (que ya me estoy imaginando referencias a los insectos, por ej, de la mantis, para intentar refutar mi idea...), del que ciertamente no escapa nuestra especie. Así,esta capacidad de discriminación entre la propia especie y las especies ajenas, con todas las consecuencias que ello acarrea, tiene pleno sentido desde el punto de vista evolutivo y, al contrario, hubiera sido biológicamente contraproducente, incluso en ocasiones desastroso el que esto no hubiera tenido lugar.
No obstante, el hecho de afirmar la existencia de este tipo de especismo básico no excluye el que también se pueda determinar otra clase de especismo, calificable de "antropogénico", propio y único del ser humano que sí se deriva de nuestro desarrollo cultural, generador de tradiciones y valores perdurables. Está claro que es a esto a lo que se refiere la gente cuando emplea la palabra objeto de este artículo. No cabe duda de que , por nuestra maravillosa variabilidad, cada sociedad humana ha ido tejiendo cosmovisiones de muy diversa índole, y algunas culturas han abogado por una mayor inserción del ser humano en la naturaleza que otras, más dadas a encapsular a nuestra especie en un áura de sacralidad ("la especie elegida", dicen)
En cualquier caso, en casi todas las sociedades humanas se ha dado un cierto grado de discriminación arbitraria de los demás animales. Nos gusta pensar que tal discriminación se debe en su origen a la más pura necesidad , que nuestros antepasados humanos se vieron obligados a alimentarse y vestirse con otros animales, y así abrigamos la idea de que, en un hipotético marco de un clima ideal, rodeados de tierras que ofrecieran abundantes frutos, plantas y semillas, nuestro especismo brillaría por su ausencia...La verdad es que esta idea no llega a convencerme y, una vez más , tiendo a pensar que el especismo está mucho más pegado a nosotros de lo que queremos reconocer.

Quizás sea conveniente ahora echar una ojeada al otro concepto, el "antiespecismo" y tratar de especular sobre su carácter. Si bien previamente he hecho hincapié en una poderosa tendencia biológica a tratar con desigual consideración a nuestros congéneres de los que no lo son, y a una igualmente marcada deriva cultural que nos lleva a resaltar y glorificar nuestra condición humana en detrimento del resto de los animales, también cabe postular una fuerza que actúa en un sentido opuesto y que, una vez más, es susceptible de sufrir una subdivisión:por un lado los sentimientos de empatía y de contagio emocional interespecíficos, cuyas formas más embrionarias se encuentran presentes en algunas especies animales, y por otro, la "adquisición" de la ética por parte del homo sapiens, rasgo éste que nos corresponde en exclusividad, y que, en función del uso que se haga de ella, nos convierte en el ser más encomiable o abyecto del mundo animal. Ciertamente, puede parecer forzada esta separación entre el sentimiento de empatía y la ética, cuando es lógico pensar que lo segundo proviene de lo primero, pero ahora me interesa destacar la ética como una conquista propia del ser humano, y sujeta a los vaivenes de la historia.
Es innegable que los humanos estamos capacitados para sentir aprecio y respeto por individuos que no pertenecen a nuestra especie, de la misma manera que podemos demostrar exactamente lo opuesto, desprecio -etimológicamente hablando:quitar valor- y falta de respeto, hasta llegar a negarles su misma animalidad. Somos, pues , una especie compleja que, en función de la mentalidad y valores que rijan nuestras vidas, podemos mostrar una amplia gama de actitudes hacia los animales (humanos incluidos). Pues bien,pese a que esta predisposición para empatizar con otros animales puede calificarse de natural, me parece que el antiespecismo, que supone un escalón superior al de la mera empatía, corresponde a un proceso racional profundo, mucho más ligado a la ética, y que hay que enmarcar en el proceso de la evolución cultural del ser humano. Y es que, independientemente del hecho de que a lo largo de la historia hayan surgido, como brotes aislados, algunas personas que han desafiado el antropocentrismo arrasador imperante (Leonardo da Vinci, Plutarco etc, así como, se supone, otros que no han dejado su legado para la posteridad) sólo cabe concebir el antiespecismo como movimiento ideológico a partir de los siglos XIX-XX , y como un eslabón más en el proceso de maduración ética de la especie humana en su progresiva ampliación del concepto de empatía. De hecho, si observamos la Historia humana a vista de pájaro , veremos con bastante claridad tal proceso de maduración, que en sus diferentes peldaños, fue abriendo el concepto de respeto y justicia, desde lo que fuera originariamente la tribu o clan, hasta el actual y aún utópico objetivo de la fraternidad y justicia universal,pasando por las todavía pendientes cuestiones de igualdad en lo referente al sexo, raza etc. De modo que queda claro que el tema de la consideración ética a los animales queda vinculado a este proceso dialéctico (cambiante)en el que constantemente se ven inmersas las diferentes sociedades humanas.
En conclusión, considero importante una reflexión profunda de lo que supone un concepto que puede llevar a no pocos equívocos y simplificaciones,máxime cuando la palabra "especismo" ni siquiera figura en la Real Academia de la Lengua. Si pretendemos ganarnos algún reconocimiento y aceptación social, hemos de ser precisos y rigurosos en estas cuestiones

12 de junio de 2009

Lo de Ronaldo


¡Vaya lío se está montando con el fichaje del Portugués! Ahora resulta que la inversión de Florentino (94 millones de euros) suscita una encendida polémica y todos se ponen a cuestionar violentamente la ética de semejante dispendio. Pues uno ya no entiende nada. ¿Será que repentinamente la gente, los Medios, se han caido del guindo, que acaban de caer en cuenta que esa sociedad de mercado en la que nos hallamos, sujeta a la ley de la oferta y la demanda, es así? ¿Qué ley económica se ha violado?¿Un supuesto código deontológico que preconiza la mesura empresarial? ¡No me hagan reir!¿Y por qué diablos aparecen súbitamente esos datos que muestran lo que se podría comprar con 159 millones de euros (Ronaldo+kaká)? Demagogia infame, pues, que uno sepa, no aparecen semejantes desgloses ante las disparatadas ganancias de cualquier celebridad que anuncie un producto Danone, ni tampoco se sugiere todo lo que se podría conseguir con todo lo que cuesta montar una gira de U2, o con los gastos derivados de un sólo Gran premio de Fórmula 1, o con la organización de una final de la Champions,o con una estancia de siete noches en el hotel Burj al-arab en Dubai, o con un sólo día de publicidad de "El Corte Inglés"... Por no hablar de las colosales cifras que se manejan en el mundo del cine...¿Cuántos hospitales se podrían edificar con los gastos de las cinco pelis más taquilleras del año?
Si se desea criticar la lógica del libre mercado, de acuerdo, pero que se cuestione en todas sus manifestaciones, lo cual llevaría inevitablemente a poner en tela de juicio el sistema en sí. Florentino no ha hecho sino aplicar las reglas que el liberalismo económico impone. Y no cabe imprecar histéricamente contra el sobredimensionamiento del mundo del fútbol precisamente en este momento,pues esto ya viene sucediendo desde hace bastantes décadas, aparte de que son esos mismos medios de comunicación que se llevan hipócritamente las manos a la cabeza, quienes más han hecho por la entronización del becerro de oro balompédico.
El gasto del fichaje de Ronaldo no es más que un símbolo, uno más, de la inanidad e iniquidad de un modelo económico injusto, cruel e insostenible, y que paradójicamente, pese a la riqueza material que es capaz de generar, acaba por empobrecer a sus adoradores.

8 de marzo de 2009

la ignorancia deseada

Quienes me conocen saben de mi veganismo, y también que éste responde a una elemental pero profunda motivación ética: evitar infligir daño alguno a ningún animal a no ser que sea necesario.(y entiéndase este "necesario" en un sentido estricto)

No suelo ejercer de animalista militante, o sea que ni siquiera amigos o familiares habrán tenido que aguantarme peroratas sobre el tema; supongo que mi probada contención y mesura se debe al pudor de quien no desea ser tenido por predicador de causas que no se quieren conocer, o sea que mis tendencias proselitistas (vegangelizadoras, como lo calificó un interviniente del foro vegetariano) se disparan únicamente en el infrecuente caso de que mi interlocutor,por propia iniciativa, me interpela sobre mi inusual proceder. Algo que agradezco, pues me permite liberar ideas que apenas puedo expresar fuera del endogámico ámbito animalista.

Ahora bien, me pregunto por qué la gente no quiere saber; cuando les hablo de documentales que muestran con toda crudeza las diferentes formas de explotación infligidas sobre los animales (Earthlings, Peacable Kingdom, etc), la reacción más frecuente es de rechazo, y me dan a entender que, simplemente, el tema no les interesa, y que no les apetece contemplar escenas desagradables. Da así la impresión de que no hay nada que vincule a esas personas con las terribles imágenes que se muestran en tales programas; y se autoengañan. Por mucho que la sociedad se afane por borrar todo rastro que relacione los muslos de pollo en los supermercados con el indescriptible sufrimiento que tiene lugar en las fábricas de engorde, tal vinculación existe. Y al no querer ver esta relación causal, la gente simplemente opta por mirar hacia otro lado para así seguir viviendo en el Pais de las Maravillas, donde chuletas, codillos y jamones brotan como por ensalmo.
Está claro que a la gente no le agrada enterarse de la tenebrosa realidad de prácticas habituales que les puedan provocar un sentimiento de culpabilidad. Tampoco muchos ciudadanos de la Alemania nazi deseaban conocer qué ocurría a varios kilómetros de sus poblaciones; el averiguar esa terrible realidad podría ponerles en una comprometida situación: la de tener que enfrentar su ética con el espanto que tenía lugar a su alrededor, y del que indirectamente se beneficiaban. ¿Acaso no ocurre hoy en día algo similar en el 1er Mundo, que vuelve su cabeza hacia otro lado para no tener que admitir que prospera a costa de los mal llamados paises en vías de desarrollo?

Considero un acto de coherencia el mirar de frente a la realidad, por dura que nos resulte, o por muy frontalmente que choque con nuestros intereses. Creo que constituye un acto de cobardía el aducir que una cuestión de índole ética no interesa, cuando uno se halla implicado en el problema.

Y sí, prefiero con mucho un carnívoro que mantenga su postura tras haberse enterado de la realidad que otro que lo sea evitando cobardemente todo conocimiento de la misma.Como sostengo que la ética implica conocimiento, me gusta pensar que si alguien me informa de que algún producto del que soy consumidor conlleva algún tipo de explotación, no optaré por cerrar los ojos y mirar hacia otro lado sino que trataré de averiguar su verosimilitud y actuar en consecuencia.Como se dice en cierto anuncio televisivo:"podría ignorar,pero prefiero saber"